martes, 22 de julio de 2008

LO MATE POR AMOR


Esta es una historia muy trágica pero tengo que contarla de algún modo. Hace 50 años eran tan sólo un niño, delgado y tímido y mis padres me llevaron a un paseo en el campo en donde también habían otros niños, algunos de mi edad y otros mucho mayores.
Entre todos estaba, Rosita, que bella niñita, tendría unos 8 años, gordita con una cara pícara, ojos celestes, pelo rubio y ensortijado. Con tan sólo verla me quedé enamorado de ella y hubiera querido que sólo estuviera conmigo, pero no, todos los chicos querían jugar con ella y como yo era tímido me quedé apartado mirándola desde lejos.
Cuando miré que un chico, un poco mayor que el resto, que tendría unas 12 años, se le acercó y le ofreció a Rosita un ramo de flores que había cortado de los jardines, sentí cólera y odio por ese chico, más aún cuando, Pedro, así se llamaba, se le acercó al oído, le susurró algo y luego ella lo tomó de la mano.
Pasé todo el día escondido en un rincón, pensando como me hacía eso Rosita, es que no podía sentir mis gritos encerrados en mi mente diciéndole que yo la quería, que solo debería estar conmigo, que mi corazón de niño, aunque de tan solo 5 años, la quería como cualquier hombre ama a una mujer, que para amar a una mujer no hay edades.
Mi imaginaba que tomaba valor, que tenía más fuerza y coraje que cualquier otro niño y que iba donde se encontraban ellos, sentaditos, mirando el campo agarraditos de la mano y que empujaba Pedro, que lo golpeaba en el suelo y que ella me miraba con admiración, me daba un beso y se iba conmigo. Pero no, ni me movía de donde me encontraba, ahí cabizbajo, llorando sin que se me note por mi impotencia y mi falta de valor.
Mi rabia creció tanto que comencé a imaginar como matar a Pedro, no me podía quitar a Rosita, ni siquiera podía aceptar que juegue con ella, que este a su lado. Esa tarde cuando saliéramos a nadar al río, cuando se tirase al agua, lo golpearía con una piedra debajo del agua y todos pensarían que se golpeó al zambullirse o talvez cuando vayamos a trepar cerros y estemos por los acantilados lo haría tropezar y en la caída se golpearía la cabeza y moriría.
No es necesario que les diga lo que ocurrió esa tarde. La mamá, el papá y la hermana de Pedro lloraban a gritos, no podían creer que hubiese ocurrido un accidente tan grave y que Pedro hubiera fallecido en el acto; ni siquiera se tuvo oportunidad para darle primeros auxilios ni llevarlo a la posta de salud.
Lo que había imaginado tan cuidadosamente se había hecho realidad, había matado a Pedro, todos creen hasta ahora que fue un accidente. Casi todo había resultado como lo pensé, excepto que no me imaginé que sentiría ese sentimiento tan terrible cuando lo maté, algo que no puedo describir pero que lo sentía en el estómago, en los hombros, en todo mi cuerpo. Sería miedo de que me descubran y me castiguen o miedo a Dios que me vio hacerlo o talvez eran remordimientos, créanme hasta ahora no lo sé. Sólo se que cada noche cuando duermo, en mis pesadillas revivo ese momento y ese mismo sentimiento me hace despertar. Nunca se lo pude contar a nadie, ni siquiera al cura en la confesión cuando hice mi primera comunión, ni en los pocos años posteriores que iba a misa, sólo ahora, con la complicidad de los blogs, me atrevo a contarle, a quien quiera leer, esta historia tan trágica que malogró mi vida y pensar que todo fue causado por la pícara mirada de Rosita y el despecho de un niño enamorado.